🗓️ Publicado el 29/07/2026
Keiko Fujimori finalmente cruzó la puerta que durante años pareció cerrársele. Después de tres derrotas consecutivas en segunda vuelta, juró el 28 de julio de 2026 como presidenta constitucional del Perú para el periodo 2026-2031.
No fue una juramentación cualquiera. Fue el cierre de una extensa y accidentada carrera hacia Palacio de Gobierno, el retorno del fujimorismo al Poder Ejecutivo después de casi 26 años y, sobre todo, un hecho histórico: Keiko Fujimori se convirtió en la primera mujer elegida por voto popular para presidir el Perú.
La banda presidencial no borró esa polarización, pero sí transformó definitivamente a Keiko. Ya no es la candidata que ofrece soluciones desde una plaza pública ni la opositora que cuestiona al Gobierno desde el Congreso. Desde ahora es la responsable directa de enfrentar la inseguridad, la pobreza, la informalidad, la corrupción y la ineficiencia de un Estado que durante demasiado tiempo se acostumbró a llegar tarde.
Un juramento cargado de simbolismo
Keiko Fujimori juró por la soberanía, la libertad y la independencia del Perú, por el respeto a la Constitución y por la construcción de un país seguro, próspero y unido. La ceremonia se desarrolló ante el Congreso bicameral y contó con la asistencia de mandatarios extranjeros y del rey Felipe VI de España.
Uno de los momentos políticamente más relevantes de su mensaje fue su promesa de ejercer el poder durante “cinco años, ni un día más”. No fue una frase colocada al azar. Era una respuesta directa a quienes relacionan su llegada a Palacio con los excesos y el autoritarismo del Gobierno de su padre.
Un discurso duro sobre el país que recibe
La presidenta no intentó endulzar el diagnóstico. Habló de un Perú marcado por el abandono, de un Estado debilitado por la improvisación y la corrupción, de obras paralizadas, servicios básicos deficientes y una administración pública incapaz de cerrar las brechas sociales.
Keiko aseguró que recibe un “Estado a la deriva” y llamó a observar la realidad nacional “sin anestesia, sin maquillaje, sin medias verdades”. Su descripción fue severa, pero difícilmente exagerada. El Perú ha soportado años de inestabilidad presidencial, confrontaciones entre instituciones, improvisación administrativa y una creciente sensación de desprotección ciudadana.
Sin embargo, diagnosticar la enfermedad es mucho más sencillo que curarla. Desde este momento, Keiko ya no podrá responsabilizar indefinidamente a los gobiernos anteriores. Cada día que pase convertirá los problemas heredados en problemas de su propia administración.
Seguridad: la gran apuesta de su Gobierno
La inseguridad ciudadana ocupó un espacio central en el discurso. La presidenta anunció que las Fuerzas Armadas asumirán temporalmente el liderazgo de las operaciones de seguridad y del control interno en las zonas declaradas en estado de emergencia, coordinándose con la Policía Nacional.
También propuso modernizar tecnológicamente a la Policía mediante sistemas interconectados de video vigilancia, plataformas de inteligencia artificial para anticipar y mapear delitos, mejores comunicaciones y nuevos centros de comando. Su Gobierno pretende perseguir no solo al delincuente común, sino también a las estructuras económicas que financian la extorsión, el sicariato, el narcotráfico y la minería ilegal.
Asimismo, anunció el fortalecimiento de las unidades de flagrancia y una reforma penitenciaria para impedir que las cárceles continúen funcionando como oficinas de operaciones del crimen organizado.
Mi opinión sobre el look de la presidenta en su juramentación
Me pareció un look muy elegante, sobrio y, sobre todo, muy pensado. No sé si fue una decisión personal o si contó con asesoría de imagen, pero tengo la impresión de que cada detalle buscó transmitir un mensaje.
Keiko escogió un vestido azul de líneas limpias, mangas tres cuartos y escote en V, acompañado de zapatos de tacón en color nude. El vestido fue diseñado por Patricia Musiris y contenía bordados inspirados en las flores de Huancayo. Completó el conjunto con un clutch multicolor relacionado con la artesanía peruana, maquillaje natural, cabello lacio y una joya discreta en el cuello.
En términos generales, le doy un 9 de 10 —que en mi escala es una nota excelente— porque, más allá de los gustos personales, fue un look coherente con el mensaje que quiso proyectar: autoridad sin arrogancia, identidad sin disfraz y elegancia sin ostentación.
El impacto de una juramentación histórica
La llegada de Keiko Fujimori a la Presidencia rompe uno de los techos más resistentes de la política peruana. Por primera vez, una mujer elegida directamente por la ciudadanía recibe la banda presidencial. Pero su victoria también devuelve el fujimorismo al poder y reactiva antiguas heridas que continúan dividiendo al Perú.
Keiko ha llegado al punto más alto de su carrera política. Ya no tiene que convencer al Perú de que merece una oportunidad: ahora debe demostrar que sabe utilizarla.
Su juramentación fue histórica. Su vestuario comunicó sobriedad e identidad. Su discurso combinó firmeza, protección social, modernización y grandes proyectos. Pero la verdadera evaluación comenzará cuando las palabras tengan que convertirse en resultados.
Por supuesto, deseo de corazón que este sea el inicio de una etapa de estabilidad, crecimiento y buenas noticias para el Perú. Sigo a Keiko desde hace muchos años, la he visto en la cárcel tres veces y tres veces ser liberada, la he visto perseguida por sus odiadores y los admiradores del terrorismo de «Sendero Luminoso». Le han gritado de todo: ladrona, corrupta, violadora de los derechos humanos. Pero ella mantuvo con una persistencia inigualable su fe y no se dejó amargar por tanta maldad.
Hoy quien fue perseguida y acusada de falsos delitos ocupa la más alta magistratura de su país.

